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Archivos Mensuales: agosto 2012

Hace unos días comencé a hacerme enemas. Había tenido demasiado malestar estomacal e incluso había sospechado de tener Giardiasis, pero como estoy haciendo mi limpieza hepática, no quise interrumpir ni el tratamiento para Giardia ni la limpieza. Así que lo pospuse.

Vuelvo al malestar. Me sentía como antes de empezar la dieta. Es decir, como si gracias al tratamiento mi condición hubiese dado un vuelco, sí, pero de 360º. Y estaba exactamente igual que el primer día en que leí sobre la candidiasis. Hasta la caspa que se había ido, empezó a aparecer de nuevo. Entonces, manos a la obra. Si los enemas ayudan, plomo-machete-bandera. Así que salí a la farmacia, me compré mi bolsa y el primero que hice fue de ajo. Muy bien, 20 puntos. Mejoré bastante. Disminuyeron los gases, que era lo que peor me tenía, y la picazón también. Siendo que el ajo es muy fuerte, a los dos días me hice otro, pero de lactobacilos. También logré sentirme mejor. Ayer me hice uno de clorofila. Los he estado alternando, por decirlo de alguna manera, porque hay unos enemas que sólo se pueden hacer un número limitado de veces… ¡al año! El de lactobacilos es uno de esos.

La clorofila dicen que limpia, desinfecta y un montón de cosas buenísimas. Bueno, nuevamente plomo-machete-bandera. También logré sentirme mejor. Pero hoy en la mañana…

Lombrices en la taza del baño.

 

¡LOMBRICES EN LA TAZA DEL BAÑOOOOOO!

¡Eso no salió en el examen! Bueno, así que ¡TARÁN!. Además de candidiasis, he sido acosada por otros parásitos de los que no sospechaba.

Así que aquí van algunos de mis descubrimientos:

  1. Es posible que las personas con candidiasis tengan otros parásitos, lo cual hace más difícil luchar contra la cándida y mantienen por más tiempo los síntomas. Incluso, los empeoran.
  2. Los enemas de clorofila parecen ser excelentes para eliminar parásitos.

Allí les dejo eso, pues.

Live long and prosper!

 

 

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Está en inglés, pero es entretenido. Es una historia acerca del papel de la comida en nuestras vidas, de la cándida, de la dieta, del encuentro con uno mismo (los pequeños rituales que nos convierten en quienes somos), y de la paciencia (y por qué no, también de la muy comprensible rendición). Me pareció chistoso y aquí está. Es probable que, por fortuna, esta chica necesitara la dieta menos que yo. Y no la juzgo, la entiendo perfectamente.

Dale clic: The Best Time I Went on a Candida Cleanse

Pues sí, hoy es el día de las recetas. Estas galletitas son la bomba, porque son ricas en sabor y también en grasa (de la buena, pero grasa al fin). Son excelentes para los refrigerios, o para llevarlas de viaje. Yo las como con moderación a veces, otras desaparecen en una sola sentada. Son una buena opción para cuando ya te aburres de las famosas tortitas de arroz.

Vas a necesitar:

  1. Una taza de almendras fileteadas.
  2. Una taza de semillas de ajonjolí o sésamo.
  3. Un puñado de tomates secos (si los vas a comprar, lee bien los ingredientes en la etiqueta).
  4. Un huevo.
  5. Dos cucharadas de agua.
  6. Una cucharadita de sal.
  7. Dos cucharadas de aceite de oliva o de ajonjolí (el de tu preferencia estará bien).

En un a licuadora, procesa las almendras y las semillas de ajonjolí hasta lograr una harina. Aparte, licúa también los tomates secos. En un bol, mezcla la harina de las semillas, el tomate seco licuado y la sal. Revuelve bien. Forma una especie de volcán con la harina y agrega el huevo. Ve agregando poco a poco el agua y amasa hasta que las paredes del bol queden limpias (la mezcla no se pegue). Extiende la masa en una superficie engrasada con el aceite de oliva, aplánala con un rodillo hasta que quede con el grueso similar a una galleta cracker, y luego divídela en rectángulos o cuadrados (como más te guste). Lleva al horno precalentado a fuego bajo, y deja cocinar unos 20 minutos. Puedes reemplazar los tomates secos por especias de tu preferencia, o simplemente agregárselas, a ver qué te sale.

Aunque la foto no la favorece, esta crema es realmente deliciosa. Así que te invito a ir más allá de la apariencia y probarla. Los frijoles, en la mayoría de las dietas anticándida, están prohibidos. Al menos, durante las primeras y muy rígidas etapas. Una vez superadas éstas, se pueden incluir, porque a pesar de su alto contenido en carbohidratos, tienen gran cantidad de fibra y sustancias antifúngicas. El secreto está en remojarlos, al menos durante 12 horas. Yo, adicionalmente, agrego una pequeña cucharada de bicarbonato de sodio, para reducir los problemas “gaseosos”, que muchas veces ocasionan. Antes de cocinarlos, vuelvo a lavarlos muy bien. Y siempre desecho el agua del primer hervor.

Para esta receta, vas a necesitar:

  1. Una taza de frijoles rojos remojados durante, por lo menos, 12 horas.
  2. Una cucharadita de pimentón ahumado en polvo (fijarse en la etiqueta antes de comprarlo, no sea que tenga algún componente que no nos favorezca).
  3. El jugo de medio limón.
  4. Cuatro cucharadas de aceite de oliva.
  5. Sal marina al gusto.

Se cocinan los frijoles hasta ablandar. Una vez listos, se licúan y se mezclan con el resto de los ingredientes. Para una consistencia más suelta, puedes agregar un poco del agua que quedó de la cocción de los frijoles. Luego, guardas la crema en la nevera. Debe durar de tres a cuatro días. Y puedes acompañarla con tortitas de arroz inflado. Ñami.

Crema de frijoles rojos

La planta de Stevia fue originalmente cultivada por los indios guaraní y empleada por ellos como endulzante. Se hizo famosa cuando Japón, en los años setenta, comenzó también su cultivo y su uso se expandió por Norte América y Europa. Pero en 1991, las autoridades estadounidenses la sacaron de su mercado. La razón: No había evidencia de que la planta no causara daños. En 1994, comenzó nuevamente su comercialización en ese país, pero como un suplemento herbal, no como edulcorante. Desde entonces ha habido una gran controversia en torno al uso de este producto, en su forma refinada, que además de los componentes incluye también disputas de grandes monopolios alimenticios. Finalmente, en 2008, fue nuevamente aprobada su venta al gran público en USA.

Los argumentos en contra que todavía se mantienen son que la Stevia puede “disparar” ciertas alergias, ocasionar malestar estomacal y, quizá los que más inquietudes producen, su posible genotoxicidad –o capacidad de producir cambios en las células– y el hecho de que esos mismos indígenas que usaban la planta para endulzar, también la empleaban para controlar la fertilidad de las mujeres, al suministrarles infusiones concentradas por tiempos prolongados. Los países que han estado abiertos a su comercialización son aquellos que justamente han hecho titulares por su sobrepoblación. Japón y China, por ejemplo.

Se sostiene que tomándose en ciertas cantidades (4 mg por kilogramo de peso corporal) no se corre ningún peligro a raíz de su consumo. Es además, prácticamente el único edulcorante (creo que el xylitol también) permitido durante la candidiasis. Quien quiera evitar exponerse a la posibilidad de desarrollar alguno de los posibles efectos secundarios, sólo tendrá que evitar también consumir Stevia. Yo, en lo personal, prescindo de ella. Los jugos e infusiones sin el toque dulce no son tan malos, después de todo.

Para quien quiera profundizar un poco, dejo este buen artículo. Dale clic:

http://www.leetu.com/2010/05/15/efectos-secundarios-de-stevia/

No soy experta en nutrición. Y como acabo –prácticamente– de ser diagnosticada con candidiasis, puedo decir que tampoco lo soy en este campo. En lo que me he convertido en estos dos escasos meses es en una experta en navegación (por Internet, claro está) en los temas relacionados con esa afección. Algo llamó mi atención en los días posteriores a mi diagnóstico, y es el número de páginas en las que se sostiene que las enfermedades son de carácter ácido y que es necesario alcalinizar el cuerpo para prevenirlas y curarlas. Hay incluso dietas alcalinas y listados de alimentos que agrupan vegetales, frutas y proteínas de acuerdo al pH. Todo esto chocaba estrepitosamente con las palabras de mi homeópata, que cito textual: “Toma vitamina C, porque hay que acidificar el medio”.

Pues bien, saturada de información “alcalina” decidí hacer mi propio experimento sin consultar al especialista (asumo las consecuencias) y darle unos días a mi cuerpo para des-acidificarse. Para ello, hice lo que todos los blogs y páginas indicaban: Ingerir bicarbonato de sodio y limón, en ayuna. Lo que sucedió a continuación, fue un pequeño revés y la reaparición de síntomas que ya había dado por superados, como el picor en el cuero cabelludo y otras partes del cuerpo.

Mi reacción iba en contra de todo lo que pudiera haber esperado. Es posible que para muchos esto sea la solución, pero no lo fue para mí. Mi particular recomendación: Hazle caso al doctor y no inventes.  Y si te dice: “Hay que acidificar el medio”, pues pon en práctica sus indicaciones. Después de que dejé de hacer las tomas de limón y bicarbonato, todo ha vuelto a tomar su curso. Dado que mi especialista está lejos, hallé buena información que me explicaba qué fue lo que ocurrió.

En esta página exponen magistralmente por qué es necesario acidificar las condiciones estomacales para matar  la cándida: “La lectura típica del pH corporal debería ser 7.4 (ligeramente alcalino), pero hay muy buenas razones por las cuales en realidad necesitas hacer tu estómago más ácido para matar la levadura de la cándida. ¿Cómo es que esto tiene sentido? Bien, lo que una parte de tu cuerpo necesita puede ser completamente distinto a lo que otras partes requieren. Esto es observable en los niveles de pH –tu sangre necesita ser ligeramente alcalina, mientras que tu sistema digestivo necesita un estómago ácido para funcionar correctamente”. Más adelante afirman: “El sobrecrecimiento de la cándida reposa en el incremento de alcalinidad (reducción de la acidez) en el estómago y el intestino”.

Es, en conclusión, una postura que puede generar controversias (lo he visto en muchos blogs). Pero yo hice la prueba y no me funcionó. Creo que la mayoría de las dietas anticándidas certifican en cierto grado la información del párrafo anterior, pues no censuran en absoluto el consumo de proteínas (ácidos) y dejan de lado las frutas (que además de dulces son muy alcalinizantes). Es decir, de alguna manera y aunque no es el objetivo (puesto que su meta es eliminar el azúcar, principalmente), las dietas anticándida son, en cierto grado, acidificantes.

Por cierto, la página que mencioné tiene información que puede ser muy útil. Así que dale clic, para que la visites desde el home:

http://www.thecandidadiet.com/

No sé hasta qué punto sea esto totalmente cierto. Pero me llama la atención la forma en que explican de qué modo afecta un diagnóstico a nuestro sistema. Pareciera que restarle importancia a ciertos problemas hace que nuestro organismo deje de interpretar algunos estímulos como amenazas. Pensar positivo, y esto sí lo sé, no hace daño. El video sugiere que más bien, todo lo contrario: Nos beneficia.

Dale clic: Las cinco leyes de la biología y la nueva medicina germánica.