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Cándida

Está en inglés, pero es entretenido. Es una historia acerca del papel de la comida en nuestras vidas, de la cándida, de la dieta, del encuentro con uno mismo (los pequeños rituales que nos convierten en quienes somos), y de la paciencia (y por qué no, también de la muy comprensible rendición). Me pareció chistoso y aquí está. Es probable que, por fortuna, esta chica necesitara la dieta menos que yo. Y no la juzgo, la entiendo perfectamente.

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La confirmación de mi diagnóstico se dio cuando decidí frenar por completo y de un solo tirón el consumo de lácteos, azúcares, bebidas estimulantes (café y té negro) y harinas. Esto lo hice antes de acudir a la homeópata. Podría decirse que experimenté unos días muy difíciles. Me costaba concentrarme, pensaba una cosa y decía otra, me fallaba la vista, sentía una debilidad generalizada y tuve una migraña espantosa. Desde hacía algún tiempo, para mí era imposible, por ejemplo, pasar horas sin comer, porque experimentaba estos síntomas en un grado leve y el cuerpo me pedía restituir la energía, bien a través del consumo de lácteos o de azúcares, o de los dos al mismo tiempo. Ahora entiendo que esto ocurría porque la cándida tenía hambre y me pedía alimento.

Las dos primeras semanas, paré hasta la fruta. Sé que dicen que uno debe ir poco a poco, pero también he leído que mientras más lento se va, más prolongado es el malestar.  Yo quería terminar con eso lo más rápido posible. Así que hice todo lo que decía en la página web de la Dr. Cervera.

La mayoría de las personas, si no todas, que sufren de cándida, saben lo que es una reacción de Herxheimer. Es posible que muchas lo hayan descubierto igual que yo: Viviéndola en carne propia. Aunque parece un calvario sin fin, el síndrome no se mantiene por mucho tiempo, y es necesario tener algunos cuidados.

Cuando la cándida está viva, produce un montón de toxinas que son las que ocasionan los síntomas que la caracterizan: Van desde fatiga, dermatitis, dolores de cabeza y articulaciones, sentimientos de tristeza, picazón en ciertas partes del cuerpo y un largo etcétera. Pero cuando la cándida comienza a morirse, esta secreción de toxinas aumenta a tal punto, que el cuerpo es incapaz de manejar su eliminación al mismo ritmo en que se producen y los síntomas, en consecuencia, se intensifican. La reacción de Herxheimer, dependiendo de las características de la infección, puede ocurrir de inmediato al introducir tan solo un pequeño cambio en la dieta, o pueden pasar algunos días antes de aparecer.

La mía apareció de inmediato y pronto me encontré hablando incoherencias. Como un borracho. Mi pareja tuvo que ser muy paciente, pues yo era incapaz de retener cualquier tipo de información y mi comportamiento devino errático para muchas de las actividades rutinarias: Desde dejar las llaves pegadas a la puerta de la casa (¡por la parte de afuera!), hasta una visión borrosa que me impedía manejar. Y el dolor de cabeza más intenso que he tenido alguna vez. Fueron exactamente tres días de gravedad  para mí, aunque en ese momento llegué a creer que el asunto no terminaría jamás. A partir del cuarto, comencé a tener dominio nuevamente de mis facultades, por decirlo de alguna forma, y la sensación de debilidad en todo el cuerpo fue dando paso progresivamente a una creciente energía.

Lo que hice durante de la reacción:

  • Acompañé las comidas (que se suponía iban a contener solamente proteína como carne pollo o pescado más vegetales) con un plato discreto de arroz integral. Éste posee propiedades que facilitan la eliminación de ciertas toxinas, además de que su fibra ayuda a ir con más regularidad al baño. Y se trata de un almidón “Cervera aproved”.
  • Tomé mucha vitamina C y complejo B.
  • En mi país no venden el molibdeno que recomiendan los especialistas que han publicado sus experiencias con la reacción de Herxheimer en sus pacientes. Yo conseguí, en cambio, un complejo vitamínico que lo contenía. Agregué una de estas pastillas a las anteriores.
  • Descansar lo más que se puede. Ni aunque uno quiera, puede llevar a cabo demasiadas actividades, así que lo mejor es permanecer en casa. El cuerpo, una vez en la cama, se rendirá inmediatamente a la horizontalización y dormir no será nada difícil.
  • Tomar baños todas las veces que se pueda. En ocasiones me bañaba hasta cuatro veces diarias para ayudar a la piel, que es uno de los órganos por donde se eliminan más toxinas.
  • Beber muchísima agua.

Lo que hice después:

  • Inmediatamente después de estas dos semanas de malestar y recuperación, me dispuse a llevar a cabo la limpieza hepática y vesicular de Moritz. Es conocido que cuando el cuerpo se enfrenta a tantas sustancias tóxicas, el hígado es uno de los órganos que más carga de trabajo tienen. Así que le eché una manito, haciendo esta limpieza. Acá, tuve que salirme un poco de la dieta, porque el procedimiento exige la toma de un litro de jugo de manzana diario, para que el ácido málico presente en esta fruta, ayude a ablandar los “cálculos” y puedan salir del cuerpo sin dificultad. Este proceso tiene además la ventaja de emplear sales de Epson, de amplia reputación en el campo de la elminación de tóxicos. Fue mi segunda limpieza hepática en la vida. La tercera, como ya he contado, la hice antes de empezar el tratamiento homeopático. Finalmente, en distintas oportunidades, me he topado con información que sostiene que las esporas de la cándida tienden a acumularse en estos sitios “difíciles” como lo son las piedras en hígado y vesícula. Así que con la limpieza ayudé a mi cuerpo de muchas, muchas maneras. Y con ella, finalmente, terminaron de desaparecer todos los posibles síntomas de un síndrome de Herxheimer.

Los orígenes de mi actual problema puedo rastrearlos hasta hace cinco años, cuando comencé una relación estable con mi pareja. Fue cuando decidí tomar pastillas anticonceptivas. Fui al ginecólogo y me recetó unas de baja concentración. Durante los dos meses que las estuve tomando, no paré de sangrar. Fueron dos meses en los que, todos los días, tuve una suerte de menstruación de baja intensidad. Además, mi estado de ánimo cambió para mal. Lloraba por todo. Mi doctora me dijo que resistiera, que eso era de esa forma hasta los tres meses, pero yo no resistí. Así que por todo eso, un día dejé de tomarlas. Sucedía además, que por ese entonces estuve sometida a una fuerte carga de estrés en el trabajo, en la universidad y, estando alquilada, me pidieron el desalojo, por lo que adicionalmente debía ocuparme de buscar un nuevo sitio donde vivir. Las mudanzas son consideradas como una de las situaciones más estresantes para el ser humano. Debo mencionar además que mi tristeza prolongada y otras circunstancias también contribuyeron a que tuviera problemas en mi relación. Cuatro meses más tarde, había perdido peso considerablemente y empecé a experimentar los primeros ataques de ansiedad en mi vida, que se agravaban porque ni siquiera sabía que eso existía. Y la incertidumbre, en relación con lo que me pasaba, me generaba todavía más angustia. Fui a varios doctores (homeópatas, endocrinólogo, ginecólogo) y hasta a varios psicólogos. Me diagnosticaron depresión nerviosa y, luego de eso, estuve tomando antidepresivos por casi dos años.

Siempre sospeché que las pastillas anticonceptivas habían sido el desencadenante de toda esta situación, pero no sabía por qué, hasta recientemente, que me he dedicado a buscar información acerca de la candidiasis crónica. La primera página web con la que di, luego de desarrollar la dermatitis y estar convencida de que las infecciones vaginales tenían que ver con mi caspa, fue la de la doctora Cala Cervera, quien agrega los ataques de ansiedad y la depresión a la larga lista de síntomas que son propios de las personas que sufren cándida. Adicionalmente, me topé con información que explicaba cómo los anticonceptivos, al producir cambios hormonales, producen también cambios en el PH, facilitando a los hongos su crecimiento. Me hubiese gustado haber encontrado esta información hace al menos cuatro años, para siquiera haber podido poner freno a las infecciones vaginales, que con el paso del tiempo se fueron haciendo más y más recurrentes.

Los ginecólogos que visité a raíz de esa situación hicieron lo que hacen la mayoría de los doctores, y me recetaron óvulos y cremas vaginales, que de poco servían, pues luego de cada menstruación, la cosa se iba poniendo peor. Con la información de la doctora Cervera, busqué hacerme unos exámenes, y visité  a una homeópata en mi país que goza de buena reputación.

En todos los exámenes (coprocultivo micológico, hematología completa, exámen de orina) aparecía que la mayoría de mis valores estaban perfectamente bien. Excepto por dos cosas: La alta acidez que reportaba el examen de heces y los bajos niveles de hierro en la sangre. Estos dos factores sirvieron para que la doctora reconociera la candidiasis, reconocimiento que fue respaldado por un examen especial que ella realiza con una suerte de amperímetro, con el que mide el funcionamiento de ciertos órganos: Mis mucosas estaban por el espacio sideral.

Lo que más me ha impresionado de todo este proceso es la cantidad de información que he encontrado y que es directamente proporcional a la cantidad de personas que están padeciendo esta enfermedad y lo saben. Yo he estado cinco años con ella, y apenas me entero, así que a ese número habría que sumarle además todas las personas que la sufren y que están en desconocimiento de ello. En vista de lo útil que han resultado algunos blogs y páginas, decidí abrir el mío, para compartir la información positiva que voy encontrando a mi paso. Especialmente, la que tiene que ver con nutrición, que es lo más difícil de esta historia.

Mi encuentro con la cándida, ése que tuve y en el que pude reconocerla, mirarla a los ojos y llamarla por su nombre, ocurrió cuando leí el material de Cervera. Fue con esa información que pude saber cómo empezó la enfermedad y la que simultáneamente me señaló el camino para empezar a sanar. Como parte de este segundo post, voy a colocar entonces el link que lleva a su página, en la que además de explicar los síntomas y la enfermedad como tal, brinda opciones para su tratamiento y erradicación. Su “Conferencia sobre la candidiasis crónica” es particularmente explicativa y de gran utilidad.

http://www.calacervera.com/index.php?option=com_content&task=view&id=32&Itemid=30