Hace unos días comencé a hacerme enemas. Había tenido demasiado malestar estomacal e incluso había sospechado de tener Giardiasis, pero como estoy haciendo mi limpieza hepática, no quise interrumpir ni el tratamiento para Giardia ni la limpieza. Así que lo pospuse.

Vuelvo al malestar. Me sentía como antes de empezar la dieta. Es decir, como si gracias al tratamiento mi condición hubiese dado un vuelco, sí, pero de 360º. Y estaba exactamente igual que el primer día en que leí sobre la candidiasis. Hasta la caspa que se había ido, empezó a aparecer de nuevo. Entonces, manos a la obra. Si los enemas ayudan, plomo-machete-bandera. Así que salí a la farmacia, me compré mi bolsa y el primero que hice fue de ajo. Muy bien, 20 puntos. Mejoré bastante. Disminuyeron los gases, que era lo que peor me tenía, y la picazón también. Siendo que el ajo es muy fuerte, a los dos días me hice otro, pero de lactobacilos. También logré sentirme mejor. Ayer me hice uno de clorofila. Los he estado alternando, por decirlo de alguna manera, porque hay unos enemas que sólo se pueden hacer un número limitado de veces… ¡al año! El de lactobacilos es uno de esos.

La clorofila dicen que limpia, desinfecta y un montón de cosas buenísimas. Bueno, nuevamente plomo-machete-bandera. También logré sentirme mejor. Pero hoy en la mañana…

Lombrices en la taza del baño.

 

¡LOMBRICES EN LA TAZA DEL BAÑOOOOOO!

¡Eso no salió en el examen! Bueno, así que ¡TARÁN!. Además de candidiasis, he sido acosada por otros parásitos de los que no sospechaba.

Así que aquí van algunos de mis descubrimientos:

  1. Es posible que las personas con candidiasis tengan otros parásitos, lo cual hace más difícil luchar contra la cándida y mantienen por más tiempo los síntomas. Incluso, los empeoran.
  2. Los enemas de clorofila parecen ser excelentes para eliminar parásitos.

Allí les dejo eso, pues.

Live long and prosper!

 

 

Está en inglés, pero es entretenido. Es una historia acerca del papel de la comida en nuestras vidas, de la cándida, de la dieta, del encuentro con uno mismo (los pequeños rituales que nos convierten en quienes somos), y de la paciencia (y por qué no, también de la muy comprensible rendición). Me pareció chistoso y aquí está. Es probable que, por fortuna, esta chica necesitara la dieta menos que yo. Y no la juzgo, la entiendo perfectamente.

Dale clic: The Best Time I Went on a Candida Cleanse

Pues sí, hoy es el día de las recetas. Estas galletitas son la bomba, porque son ricas en sabor y también en grasa (de la buena, pero grasa al fin). Son excelentes para los refrigerios, o para llevarlas de viaje. Yo las como con moderación a veces, otras desaparecen en una sola sentada. Son una buena opción para cuando ya te aburres de las famosas tortitas de arroz.

Vas a necesitar:

  1. Una taza de almendras fileteadas.
  2. Una taza de semillas de ajonjolí o sésamo.
  3. Un puñado de tomates secos (si los vas a comprar, lee bien los ingredientes en la etiqueta).
  4. Un huevo.
  5. Dos cucharadas de agua.
  6. Una cucharadita de sal.
  7. Dos cucharadas de aceite de oliva o de ajonjolí (el de tu preferencia estará bien).

En un a licuadora, procesa las almendras y las semillas de ajonjolí hasta lograr una harina. Aparte, licúa también los tomates secos. En un bol, mezcla la harina de las semillas, el tomate seco licuado y la sal. Revuelve bien. Forma una especie de volcán con la harina y agrega el huevo. Ve agregando poco a poco el agua y amasa hasta que las paredes del bol queden limpias (la mezcla no se pegue). Extiende la masa en una superficie engrasada con el aceite de oliva, aplánala con un rodillo hasta que quede con el grueso similar a una galleta cracker, y luego divídela en rectángulos o cuadrados (como más te guste). Lleva al horno precalentado a fuego bajo, y deja cocinar unos 20 minutos. Puedes reemplazar los tomates secos por especias de tu preferencia, o simplemente agregárselas, a ver qué te sale.

Aunque la foto no la favorece, esta crema es realmente deliciosa. Así que te invito a ir más allá de la apariencia y probarla. Los frijoles, en la mayoría de las dietas anticándida, están prohibidos. Al menos, durante las primeras y muy rígidas etapas. Una vez superadas éstas, se pueden incluir, porque a pesar de su alto contenido en carbohidratos, tienen gran cantidad de fibra y sustancias antifúngicas. El secreto está en remojarlos, al menos durante 12 horas. Yo, adicionalmente, agrego una pequeña cucharada de bicarbonato de sodio, para reducir los problemas «gaseosos», que muchas veces ocasionan. Antes de cocinarlos, vuelvo a lavarlos muy bien. Y siempre desecho el agua del primer hervor.

Para esta receta, vas a necesitar:

  1. Una taza de frijoles rojos remojados durante, por lo menos, 12 horas.
  2. Una cucharadita de pimentón ahumado en polvo (fijarse en la etiqueta antes de comprarlo, no sea que tenga algún componente que no nos favorezca).
  3. El jugo de medio limón.
  4. Cuatro cucharadas de aceite de oliva.
  5. Sal marina al gusto.

Se cocinan los frijoles hasta ablandar. Una vez listos, se licúan y se mezclan con el resto de los ingredientes. Para una consistencia más suelta, puedes agregar un poco del agua que quedó de la cocción de los frijoles. Luego, guardas la crema en la nevera. Debe durar de tres a cuatro días. Y puedes acompañarla con tortitas de arroz inflado. Ñami.

Crema de frijoles rojos

La planta de Stevia fue originalmente cultivada por los indios guaraní y empleada por ellos como endulzante. Se hizo famosa cuando Japón, en los años setenta, comenzó también su cultivo y su uso se expandió por Norte América y Europa. Pero en 1991, las autoridades estadounidenses la sacaron de su mercado. La razón: No había evidencia de que la planta no causara daños. En 1994, comenzó nuevamente su comercialización en ese país, pero como un suplemento herbal, no como edulcorante. Desde entonces ha habido una gran controversia en torno al uso de este producto, en su forma refinada, que además de los componentes incluye también disputas de grandes monopolios alimenticios. Finalmente, en 2008, fue nuevamente aprobada su venta al gran público en USA.

Los argumentos en contra que todavía se mantienen son que la Stevia puede «disparar» ciertas alergias, ocasionar malestar estomacal y, quizá los que más inquietudes producen, su posible genotoxicidad –o capacidad de producir cambios en las células– y el hecho de que esos mismos indígenas que usaban la planta para endulzar, también la empleaban para controlar la fertilidad de las mujeres, al suministrarles infusiones concentradas por tiempos prolongados. Los países que han estado abiertos a su comercialización son aquellos que justamente han hecho titulares por su sobrepoblación. Japón y China, por ejemplo.

Se sostiene que tomándose en ciertas cantidades (4 mg por kilogramo de peso corporal) no se corre ningún peligro a raíz de su consumo. Es además, prácticamente el único edulcorante (creo que el xylitol también) permitido durante la candidiasis. Quien quiera evitar exponerse a la posibilidad de desarrollar alguno de los posibles efectos secundarios, sólo tendrá que evitar también consumir Stevia. Yo, en lo personal, prescindo de ella. Los jugos e infusiones sin el toque dulce no son tan malos, después de todo.

Para quien quiera profundizar un poco, dejo este buen artículo. Dale clic:

http://www.leetu.com/2010/05/15/efectos-secundarios-de-stevia/

No soy experta en nutrición. Y como acabo –prácticamente– de ser diagnosticada con candidiasis, puedo decir que tampoco lo soy en este campo. En lo que me he convertido en estos dos escasos meses es en una experta en navegación (por Internet, claro está) en los temas relacionados con esa afección. Algo llamó mi atención en los días posteriores a mi diagnóstico, y es el número de páginas en las que se sostiene que las enfermedades son de carácter ácido y que es necesario alcalinizar el cuerpo para prevenirlas y curarlas. Hay incluso dietas alcalinas y listados de alimentos que agrupan vegetales, frutas y proteínas de acuerdo al pH. Todo esto chocaba estrepitosamente con las palabras de mi homeópata, que cito textual: «Toma vitamina C, porque hay que acidificar el medio».

Pues bien, saturada de información «alcalina» decidí hacer mi propio experimento sin consultar al especialista (asumo las consecuencias) y darle unos días a mi cuerpo para des-acidificarse. Para ello, hice lo que todos los blogs y páginas indicaban: Ingerir bicarbonato de sodio y limón, en ayuna. Lo que sucedió a continuación, fue un pequeño revés y la reaparición de síntomas que ya había dado por superados, como el picor en el cuero cabelludo y otras partes del cuerpo.

Mi reacción iba en contra de todo lo que pudiera haber esperado. Es posible que para muchos esto sea la solución, pero no lo fue para mí. Mi particular recomendación: Hazle caso al doctor y no inventes.  Y si te dice: «Hay que acidificar el medio», pues pon en práctica sus indicaciones. Después de que dejé de hacer las tomas de limón y bicarbonato, todo ha vuelto a tomar su curso. Dado que mi especialista está lejos, hallé buena información que me explicaba qué fue lo que ocurrió.

En esta página exponen magistralmente por qué es necesario acidificar las condiciones estomacales para matar  la cándida: «La lectura típica del pH corporal debería ser 7.4 (ligeramente alcalino), pero hay muy buenas razones por las cuales en realidad necesitas hacer tu estómago más ácido para matar la levadura de la cándida. ¿Cómo es que esto tiene sentido? Bien, lo que una parte de tu cuerpo necesita puede ser completamente distinto a lo que otras partes requieren. Esto es observable en los niveles de pH –tu sangre necesita ser ligeramente alcalina, mientras que tu sistema digestivo necesita un estómago ácido para funcionar correctamente». Más adelante afirman: «El sobrecrecimiento de la cándida reposa en el incremento de alcalinidad (reducción de la acidez) en el estómago y el intestino».

Es, en conclusión, una postura que puede generar controversias (lo he visto en muchos blogs). Pero yo hice la prueba y no me funcionó. Creo que la mayoría de las dietas anticándidas certifican en cierto grado la información del párrafo anterior, pues no censuran en absoluto el consumo de proteínas (ácidos) y dejan de lado las frutas (que además de dulces son muy alcalinizantes). Es decir, de alguna manera y aunque no es el objetivo (puesto que su meta es eliminar el azúcar, principalmente), las dietas anticándida son, en cierto grado, acidificantes.

Por cierto, la página que mencioné tiene información que puede ser muy útil. Así que dale clic, para que la visites desde el home:

http://www.thecandidadiet.com/

No sé hasta qué punto sea esto totalmente cierto. Pero me llama la atención la forma en que explican de qué modo afecta un diagnóstico a nuestro sistema. Pareciera que restarle importancia a ciertos problemas hace que nuestro organismo deje de interpretar algunos estímulos como amenazas. Pensar positivo, y esto sí lo sé, no hace daño. El video sugiere que más bien, todo lo contrario: Nos beneficia.

Dale clic: Las cinco leyes de la biología y la nueva medicina germánica.

La confirmación de mi diagnóstico se dio cuando decidí frenar por completo y de un solo tirón el consumo de lácteos, azúcares, bebidas estimulantes (café y té negro) y harinas. Esto lo hice antes de acudir a la homeópata. Podría decirse que experimenté unos días muy difíciles. Me costaba concentrarme, pensaba una cosa y decía otra, me fallaba la vista, sentía una debilidad generalizada y tuve una migraña espantosa. Desde hacía algún tiempo, para mí era imposible, por ejemplo, pasar horas sin comer, porque experimentaba estos síntomas en un grado leve y el cuerpo me pedía restituir la energía, bien a través del consumo de lácteos o de azúcares, o de los dos al mismo tiempo. Ahora entiendo que esto ocurría porque la cándida tenía hambre y me pedía alimento.

Las dos primeras semanas, paré hasta la fruta. Sé que dicen que uno debe ir poco a poco, pero también he leído que mientras más lento se va, más prolongado es el malestar.  Yo quería terminar con eso lo más rápido posible. Así que hice todo lo que decía en la página web de la Dr. Cervera.

La mayoría de las personas, si no todas, que sufren de cándida, saben lo que es una reacción de Herxheimer. Es posible que muchas lo hayan descubierto igual que yo: Viviéndola en carne propia. Aunque parece un calvario sin fin, el síndrome no se mantiene por mucho tiempo, y es necesario tener algunos cuidados.

Cuando la cándida está viva, produce un montón de toxinas que son las que ocasionan los síntomas que la caracterizan: Van desde fatiga, dermatitis, dolores de cabeza y articulaciones, sentimientos de tristeza, picazón en ciertas partes del cuerpo y un largo etcétera. Pero cuando la cándida comienza a morirse, esta secreción de toxinas aumenta a tal punto, que el cuerpo es incapaz de manejar su eliminación al mismo ritmo en que se producen y los síntomas, en consecuencia, se intensifican. La reacción de Herxheimer, dependiendo de las características de la infección, puede ocurrir de inmediato al introducir tan solo un pequeño cambio en la dieta, o pueden pasar algunos días antes de aparecer.

La mía apareció de inmediato y pronto me encontré hablando incoherencias. Como un borracho. Mi pareja tuvo que ser muy paciente, pues yo era incapaz de retener cualquier tipo de información y mi comportamiento devino errático para muchas de las actividades rutinarias: Desde dejar las llaves pegadas a la puerta de la casa (¡por la parte de afuera!), hasta una visión borrosa que me impedía manejar. Y el dolor de cabeza más intenso que he tenido alguna vez. Fueron exactamente tres días de gravedad  para mí, aunque en ese momento llegué a creer que el asunto no terminaría jamás. A partir del cuarto, comencé a tener dominio nuevamente de mis facultades, por decirlo de alguna forma, y la sensación de debilidad en todo el cuerpo fue dando paso progresivamente a una creciente energía.

Lo que hice durante de la reacción:

  • Acompañé las comidas (que se suponía iban a contener solamente proteína como carne pollo o pescado más vegetales) con un plato discreto de arroz integral. Éste posee propiedades que facilitan la eliminación de ciertas toxinas, además de que su fibra ayuda a ir con más regularidad al baño. Y se trata de un almidón «Cervera aproved».
  • Tomé mucha vitamina C y complejo B.
  • En mi país no venden el molibdeno que recomiendan los especialistas que han publicado sus experiencias con la reacción de Herxheimer en sus pacientes. Yo conseguí, en cambio, un complejo vitamínico que lo contenía. Agregué una de estas pastillas a las anteriores.
  • Descansar lo más que se puede. Ni aunque uno quiera, puede llevar a cabo demasiadas actividades, así que lo mejor es permanecer en casa. El cuerpo, una vez en la cama, se rendirá inmediatamente a la horizontalización y dormir no será nada difícil.
  • Tomar baños todas las veces que se pueda. En ocasiones me bañaba hasta cuatro veces diarias para ayudar a la piel, que es uno de los órganos por donde se eliminan más toxinas.
  • Beber muchísima agua.

Lo que hice después:

  • Inmediatamente después de estas dos semanas de malestar y recuperación, me dispuse a llevar a cabo la limpieza hepática y vesicular de Moritz. Es conocido que cuando el cuerpo se enfrenta a tantas sustancias tóxicas, el hígado es uno de los órganos que más carga de trabajo tienen. Así que le eché una manito, haciendo esta limpieza. Acá, tuve que salirme un poco de la dieta, porque el procedimiento exige la toma de un litro de jugo de manzana diario, para que el ácido málico presente en esta fruta, ayude a ablandar los «cálculos» y puedan salir del cuerpo sin dificultad. Este proceso tiene además la ventaja de emplear sales de Epson, de amplia reputación en el campo de la elminación de tóxicos. Fue mi segunda limpieza hepática en la vida. La tercera, como ya he contado, la hice antes de empezar el tratamiento homeopático. Finalmente, en distintas oportunidades, me he topado con información que sostiene que las esporas de la cándida tienden a acumularse en estos sitios «difíciles» como lo son las piedras en hígado y vesícula. Así que con la limpieza ayudé a mi cuerpo de muchas, muchas maneras. Y con ella, finalmente, terminaron de desaparecer todos los posibles síntomas de un síndrome de Herxheimer.

Los orígenes de mi actual problema puedo rastrearlos hasta hace cinco años, cuando comencé una relación estable con mi pareja. Fue cuando decidí tomar pastillas anticonceptivas. Fui al ginecólogo y me recetó unas de baja concentración. Durante los dos meses que las estuve tomando, no paré de sangrar. Fueron dos meses en los que, todos los días, tuve una suerte de menstruación de baja intensidad. Además, mi estado de ánimo cambió para mal. Lloraba por todo. Mi doctora me dijo que resistiera, que eso era de esa forma hasta los tres meses, pero yo no resistí. Así que por todo eso, un día dejé de tomarlas. Sucedía además, que por ese entonces estuve sometida a una fuerte carga de estrés en el trabajo, en la universidad y, estando alquilada, me pidieron el desalojo, por lo que adicionalmente debía ocuparme de buscar un nuevo sitio donde vivir. Las mudanzas son consideradas como una de las situaciones más estresantes para el ser humano. Debo mencionar además que mi tristeza prolongada y otras circunstancias también contribuyeron a que tuviera problemas en mi relación. Cuatro meses más tarde, había perdido peso considerablemente y empecé a experimentar los primeros ataques de ansiedad en mi vida, que se agravaban porque ni siquiera sabía que eso existía. Y la incertidumbre, en relación con lo que me pasaba, me generaba todavía más angustia. Fui a varios doctores (homeópatas, endocrinólogo, ginecólogo) y hasta a varios psicólogos. Me diagnosticaron depresión nerviosa y, luego de eso, estuve tomando antidepresivos por casi dos años.

Siempre sospeché que las pastillas anticonceptivas habían sido el desencadenante de toda esta situación, pero no sabía por qué, hasta recientemente, que me he dedicado a buscar información acerca de la candidiasis crónica. La primera página web con la que di, luego de desarrollar la dermatitis y estar convencida de que las infecciones vaginales tenían que ver con mi caspa, fue la de la doctora Cala Cervera, quien agrega los ataques de ansiedad y la depresión a la larga lista de síntomas que son propios de las personas que sufren cándida. Adicionalmente, me topé con información que explicaba cómo los anticonceptivos, al producir cambios hormonales, producen también cambios en el PH, facilitando a los hongos su crecimiento. Me hubiese gustado haber encontrado esta información hace al menos cuatro años, para siquiera haber podido poner freno a las infecciones vaginales, que con el paso del tiempo se fueron haciendo más y más recurrentes.

Los ginecólogos que visité a raíz de esa situación hicieron lo que hacen la mayoría de los doctores, y me recetaron óvulos y cremas vaginales, que de poco servían, pues luego de cada menstruación, la cosa se iba poniendo peor. Con la información de la doctora Cervera, busqué hacerme unos exámenes, y visité  a una homeópata en mi país que goza de buena reputación.

En todos los exámenes (coprocultivo micológico, hematología completa, exámen de orina) aparecía que la mayoría de mis valores estaban perfectamente bien. Excepto por dos cosas: La alta acidez que reportaba el examen de heces y los bajos niveles de hierro en la sangre. Estos dos factores sirvieron para que la doctora reconociera la candidiasis, reconocimiento que fue respaldado por un examen especial que ella realiza con una suerte de amperímetro, con el que mide el funcionamiento de ciertos órganos: Mis mucosas estaban por el espacio sideral.

Lo que más me ha impresionado de todo este proceso es la cantidad de información que he encontrado y que es directamente proporcional a la cantidad de personas que están padeciendo esta enfermedad y lo saben. Yo he estado cinco años con ella, y apenas me entero, así que a ese número habría que sumarle además todas las personas que la sufren y que están en desconocimiento de ello. En vista de lo útil que han resultado algunos blogs y páginas, decidí abrir el mío, para compartir la información positiva que voy encontrando a mi paso. Especialmente, la que tiene que ver con nutrición, que es lo más difícil de esta historia.

Mi encuentro con la cándida, ése que tuve y en el que pude reconocerla, mirarla a los ojos y llamarla por su nombre, ocurrió cuando leí el material de Cervera. Fue con esa información que pude saber cómo empezó la enfermedad y la que simultáneamente me señaló el camino para empezar a sanar. Como parte de este segundo post, voy a colocar entonces el link que lleva a su página, en la que además de explicar los síntomas y la enfermedad como tal, brinda opciones para su tratamiento y erradicación. Su «Conferencia sobre la candidiasis crónica» es particularmente explicativa y de gran utilidad.

http://www.calacervera.com/index.php?option=com_content&task=view&id=32&Itemid=30

La primera vez que realicé esta limpieza fue reveladora para mí, porque me llevó a pensar que algo no andaba bien. Mi esposo la descubrió en medio de su desesperación, pues sufría de dolorosos cólicos consecuencia de una liatasis biliar (piedras en la vesícula biliar). En mi familia, existía la leyenda de un tío abuelo que se limpió la vesícula a punta de limón y aceite de oliva, así que antes de tomar la decisión de ir a cirugía, mi pareja decidió hacer una búsqueda en Internet durante sus noches de inmsonio (le era muy difícil dormir, por los dolores). Encontró esto, y como sentía que no tenía nada que perder (si no funcionaba, ni modo, se operaba y listo), la hizo. Yo la hice una vez con él, pero desconocía por completo que existía algo llamado Síndrome de Herxheimer. Y como no me sentí muy bien los días siguientes a mi primera limpieza, no la volví hacer hasta unos meses atrás. En aquella ocasión, las piedras desechadas por mí no eran importantes ni en número ni en tamaño. Como comencé a sospechar de la candidiasis crónica y vi los beneficios que trajo a mi esposo, la retomé, pues tal y como se explica en el libro, lo mejor que se puede hacer cuando se sufre de una enfermedad de este tipo, es hacer una limpieza hepática. La segunda y la tercera vez que la realicé, las piedras que expulsé fueron importantes. Como ya había comenzado a cambiar mi dieta (sin azúcar, café, lácteos ni harinas) y había pasado por un Síndrome de Herxheimer bastante fuerte como consecuencia de estos nuevos hábitos alimenticios, luego de estas últimas limpiezas, en lugar de sentirme mal, comencé a experimentar mayor energía, además de que los medicamentos homeopáticos parecían estar haciendo su efecto con más rapidez (uno de los síntomas de mi candidiasis fue una dermatitis seborréica en el cabello, que desapareció a las dos semanas de la limpieza, siguiendo mi tratamiento ).

En vista de lo importante que ha sido para mí, quiero recomendar el libro que se encuentra en línea. No sólo es útil para quienes sufren de candidiasis, sino también para todas aquellas personas que deseen mejorar su estado de salud.

Este link lleva directamente al libro Online:

http://www.iclaplata.com.ar/limpieza-hepatica.pdf

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