Los orígenes de mi actual problema puedo rastrearlos hasta hace cinco años, cuando comencé una relación estable con mi pareja. Fue cuando decidí tomar pastillas anticonceptivas. Fui al ginecólogo y me recetó unas de baja concentración. Durante los dos meses que las estuve tomando, no paré de sangrar. Fueron dos meses en los que, todos los días, tuve una suerte de menstruación de baja intensidad. Además, mi estado de ánimo cambió para mal. Lloraba por todo. Mi doctora me dijo que resistiera, que eso era de esa forma hasta los tres meses, pero yo no resistí. Así que por todo eso, un día dejé de tomarlas. Sucedía además, que por ese entonces estuve sometida a una fuerte carga de estrés en el trabajo, en la universidad y, estando alquilada, me pidieron el desalojo, por lo que adicionalmente debía ocuparme de buscar un nuevo sitio donde vivir. Las mudanzas son consideradas como una de las situaciones más estresantes para el ser humano. Debo mencionar además que mi tristeza prolongada y otras circunstancias también contribuyeron a que tuviera problemas en mi relación. Cuatro meses más tarde, había perdido peso considerablemente y empecé a experimentar los primeros ataques de ansiedad en mi vida, que se agravaban porque ni siquiera sabía que eso existía. Y la incertidumbre, en relación con lo que me pasaba, me generaba todavía más angustia. Fui a varios doctores (homeópatas, endocrinólogo, ginecólogo) y hasta a varios psicólogos. Me diagnosticaron depresión nerviosa y, luego de eso, estuve tomando antidepresivos por casi dos años.
Siempre sospeché que las pastillas anticonceptivas habían sido el desencadenante de toda esta situación, pero no sabía por qué, hasta recientemente, que me he dedicado a buscar información acerca de la candidiasis crónica. La primera página web con la que di, luego de desarrollar la dermatitis y estar convencida de que las infecciones vaginales tenían que ver con mi caspa, fue la de la doctora Cala Cervera, quien agrega los ataques de ansiedad y la depresión a la larga lista de síntomas que son propios de las personas que sufren cándida. Adicionalmente, me topé con información que explicaba cómo los anticonceptivos, al producir cambios hormonales, producen también cambios en el PH, facilitando a los hongos su crecimiento. Me hubiese gustado haber encontrado esta información hace al menos cuatro años, para siquiera haber podido poner freno a las infecciones vaginales, que con el paso del tiempo se fueron haciendo más y más recurrentes.
Los ginecólogos que visité a raíz de esa situación hicieron lo que hacen la mayoría de los doctores, y me recetaron óvulos y cremas vaginales, que de poco servían, pues luego de cada menstruación, la cosa se iba poniendo peor. Con la información de la doctora Cervera, busqué hacerme unos exámenes, y visité a una homeópata en mi país que goza de buena reputación.
En todos los exámenes (coprocultivo micológico, hematología completa, exámen de orina) aparecía que la mayoría de mis valores estaban perfectamente bien. Excepto por dos cosas: La alta acidez que reportaba el examen de heces y los bajos niveles de hierro en la sangre. Estos dos factores sirvieron para que la doctora reconociera la candidiasis, reconocimiento que fue respaldado por un examen especial que ella realiza con una suerte de amperímetro, con el que mide el funcionamiento de ciertos órganos: Mis mucosas estaban por el espacio sideral.
Lo que más me ha impresionado de todo este proceso es la cantidad de información que he encontrado y que es directamente proporcional a la cantidad de personas que están padeciendo esta enfermedad y lo saben. Yo he estado cinco años con ella, y apenas me entero, así que a ese número habría que sumarle además todas las personas que la sufren y que están en desconocimiento de ello. En vista de lo útil que han resultado algunos blogs y páginas, decidí abrir el mío, para compartir la información positiva que voy encontrando a mi paso. Especialmente, la que tiene que ver con nutrición, que es lo más difícil de esta historia.
Mi encuentro con la cándida, ése que tuve y en el que pude reconocerla, mirarla a los ojos y llamarla por su nombre, ocurrió cuando leí el material de Cervera. Fue con esa información que pude saber cómo empezó la enfermedad y la que simultáneamente me señaló el camino para empezar a sanar. Como parte de este segundo post, voy a colocar entonces el link que lleva a su página, en la que además de explicar los síntomas y la enfermedad como tal, brinda opciones para su tratamiento y erradicación. Su «Conferencia sobre la candidiasis crónica» es particularmente explicativa y de gran utilidad.
http://www.calacervera.com/index.php?option=com_content&task=view&id=32&Itemid=30